Crítica de ‘Buscando a Dory’: Pixar y la nostalgia

buscando doryPixar ha tenido en los últimos años muchas secuelas, muchas de ellas no han dado en el clavo de lo que significaba ser una película Pixar, quizás porque han sido secuelas innecesarias (Cars 2) y otras que quizás no atinaron en su objetivo (Monstruos University). Pero tiene una trilogía que abarca lo mejor del cine de Pixar y de cómo deben ser las secuelas, Toy Story. La trilogía de los juguetes significó muchas cosas en la historia del cine, quizás la más importante es que fue la primera película realizada íntegramente por ordenador y, para un servidor, fue una trilogía que le acompañó toda su vida. Esos juguetes formaron parte de mi vida, de mi niñez, adolescencia y esta etapa adulta. Toy Story fue el primer contacto de Pixar con la nostalgia. Buscando a Dory vuelve a demostrar que Pixar sabe cómo tratar sus productos que, aunque todo lo trate de la misma manera, siempre atinan con sus obras más queridas. Buscando a Dory tiene lo mejor de la compañía del flexo y además sabe jugar con la nostalgia de recordar Buscando a Nemo. Buscando a Dory es pura magia Pixar.

Buscando a Dory llega 12 años después de Buscando a Nemo y es como si no hubiera pasado el tiempo. Desde que la cinta comienza te sientes como en casa, sabes, sin necesidad de que Andrew Stanton te lo cuente, que ha ocurrido en todo este tiempo. Y cuando una película consigue eso es mágico. Después, la cinta coge velocidad de crucero y nos encontramos de nuevo con viejo conocidos de los fans de la primera entrega, y es casi como si volviéramos a vivir Buscando a Nemo otra vez y, cuando parece que vamos a vivir lo mismo otra vez, cambia el rumbo. Y es entonces cuando Buscando a Dory se convierte en una atracción, en una montaña rusa de emociones, sentimientos y valores que sólo Pixar sabe sacar adelante. Andrew Stanton sabe utilizar a su manera la nostalgia anteriormente citada, no sólo sabe utilizar las situaciones que hicieron grande a su antecesora, sino que les da la vuelta para sacarles más partido, e introduce nuevos momentos que harán que los fans de la primera entrega sigan cogiendo momentos únicos e irrepetibles.

Andrew Stanton vuelve a dar otra vuelta al descubrimiento de la identidad de cada uno, de la familia y que por muy complicado que se ponga el objetivo, con corazón y ganas de alcanzarlo todo se consigue. Buscando a Dory vuelve a ser una película que sirve de aprendizaje para todos aquellos que piensen que su objetivo es imposible. Pixar sabe que no hay un imposible y sus historias, entretenidas o divertidas, son historias que sirven para aprender y asimilar para la vida de cada uno. Buscando a Dory nos demuestra que tienes que luchar por lo que quieres, por lo que quieres conseguir y que las trabas en el camino únicamente sirven para hacer más fuerte ese deseo, que no hay que darse por vencido. Buscando a Nemo sirvió para demostrar que Pixar tenía algo especial. Buscando a Dory sirve para demostrar que Pixar sabe cuidar sus obras, que las mima y no las suelta hasta que la tienen pulida. Buscando a Dory es más frenética, más alocada, más Dory. Y eso no es algo malo. Pero Buscando a Nemo era directa cuando tenía que serlo, era pausada cuando debía y su lado emocional estaba más equilibrado que en esta. Aquí, aunque su emoción consiga erizarte los pelos, está más pendiente de la diversión.

Pero eso es la única objeción que se le puede sacar, porque incluso aunque tenga muchos nuevos personajes que podrían haber desentonado en este festín no es así. No es así porque Andrew Stanton y Pixar saben cómo ir introduciéndoles poco a poco en la historia, que tengan sus momentos y consigan entrar en la memoria de cada uno. Y eso también se añade a las voces de los personajes, no hay nadie más especial que Ellen DeGeneres para ser Dory (En España, Anabel Alonso) y los millones de sorpresas que incluye la película (atentos a la voz del acuario) y por favor, quedaros hasta el final de los créditos, pues los fans de Pixar y Buscando a Nemo se levantarán y aplaudirán. Buscando a Dory es magia, es Pixar en estado puro y es nostalgia. Nostalgia usada de buena manera, sin necesidad de recurrir al dedo en la herida para emocionar. Cierto es que Buscando a Nemo marcó un antes y un después, Buscando a Dory tendrá un huevo en el corazón de muchos. En el mío ya lo tiene. Gracias, otra vez, Pixar.

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