Crítica de ‘Whiplash’: El jazz como obra maestra

WhiplashMe encanta llevarme sorpresas en la sala de cine. Sí, empiezo a ser de esas personas que dejan de lado tráilers, sinopsis e incluso fotografías de los estrenos. Y con ello consigo llegar a la sala sin saber nada de la cinta con el fin de llevarme sorpresas. Y eso es lo que ha ocurrido con Whiplash, que desde ya se ha convertido en una de mis películas favoritas del año. Y es que la película de Damien Chazelle tiene tanta alma y dinamismo que rápidamente consigues conectar con todo lo que la rodea y es por eso, y mucho más, por lo que Whiplash está llamada a ser una obra de culto.

Whiplash cuenta la historia de un chico que quiere ser el mejor batería de todos los tiempos, pero para ello deberá aprender a enfrentarse al profesor de música más odioso del país. Creo que hasta aquí es hasta donde puedo leer, pues todo lo que sigue es para que lo descubra el propio espectador. Y es que Whiplash está llena de sorpresas. Sorpresas buenas. De esas que quizás no esperabas y la primera de todas es la dirección de Damien Chazelle. El director consigue en todo momento que nos interesemos por la historia que está contando. No se limita únicamente a mostrar las imágenes en una sucesión, sino que también en muchos momentos, el espectador se siente como involucrado en la propia historia.

Chazelle no sólo realiza una dirección realmente buena, el libreto también corre de su parte. El guión, en muchas ocasiones, puede parecer simplón o que hemos visto en muchas ocasiones, pero de vez en cuando tiene unos giros que quizás no esperabas. No los esperas porque ya el camino que sigue la historia es bastante duro y no le hacen falta los giros, pero los introduce de manera perfecta y con todo el sentido del mundo. Chazelle sabe en todo momento que es lo que tiene entre manos y como lo quiere utilizar. Y eso también se lleva a la música de la cinta. El jazz se convierte en otro de los grandes protagonistas de la cinta. Los acordes, los instrumentos, las sinfonías…todo lo que rodea a la banda sonora es espectacular. Eso y a los dos actores que tiene al frente de la función.

J.K. Simmons y Miles Teller son los dos grandes artífices de que funcione lo que vemos en pantalla y lo que Chazelle quería contar. Teller es el alumno que quiere convertirse en el mejor batería de la historia. El chico consigue en todo momento convencer y que empaticemos con él, pues seguramente muchos seamos de lo que luchamos hasta el final por conseguir nuestros sueños. Y luego está J.K. Simmons. Lo que realiza el actor está a otro nivel. Posiblemente se le pueda comparar con el Sargento de artillería Hartman de La chaqueta metálica, pues el nivel de sadismo, de violencia y de mala hostia está presente. Una interpretación prodigiosa lejos de muchos.

Whiplash es ya una de las mejores películas del año. Seguramente en diciembre la veamos entre los top 10 de muchos espectadores y de críticos. Es prodigiosa, tiene ritmo, música, interpretaciones y una naturalidad pocas veces vista. Damien Chazelle consigue sorprender a propios y extraños con esta película sobre la superación y querer ser el mejor. Whiplash es desde ya una obra maestra.

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